Urabá - 19 junio, 2019

Migrante cubano cruzó la selva del Darién en muletas

Por Noticias Urabá

La frontera de Colombia con Panamá atraviesa una grave crisis migratoria desde enero de este año.

Dos meses antes de adentrarse en la espesa selva de la frontera entre Colombia y Panamá, Rudys Columbié Ramírez, un ingeniero industrial de 45 años proveniente de Cuba, se accidentó en su moto. Un par de días atrás había vendido todas sus cosas con el objetivo de iniciar su travesía el 23 de enero de este año.

Tras el accidente, los médicos determinaron que se había fracturado la tibia y el peroné y ordenaron operarlo de inmediato. Para fijar sus huesos tuvieron que insertarle tres platinas y 15 tornillos. Sin embargo, su estado de salud no le impidió seguir concentrado en su sueño.

Mientras permanece en México, aguardando ingresar a Estados Unidos, Rudys dice que llegar allí representa dejar atrás el régimen cubano, del que huyó el 9 de diciembre de 2016, y que todavía describe como una dictadura perseguidora de todo aquel que piense diferente.

A pesar de las heridas, que le costaron medio mes de hospitalización y largas semanas de fisioterapia, inició su travesía el 27 de marzo, pasándose por alto los tres meses de reposo que el cuerpo médico le aconsejó guardar.

En menos de una semana, luego de atravesar Perú y Ecuador sin problemas, llegó a Necoclí, un municipio ubicado en el golfo de Urabá, una región compleja en materia migratoria. Su ubicación estratégica la convierte en un paso obligado para las migrantes que quieren cruzar de Suramérica a Centroamérica.

Los datos de Migración Colombia arrojaban que para finales del pasado mes de mayo al menos 3.500 migrantes irregulares habían atravesado esta zona en el transcurso de 2019. No obstante, la cifra podría ser mucho mayor, según los cálculos de los habitantes.

Dos meses antes de adentrarse en la espesa selva de la frontera entre Colombia y Panamá, Rudys Columbié Ramírez, un ingeniero industrial de 45 años proveniente de Cuba, se accidentó en su moto. Un par de días atrás había vendido todas sus cosas con el objetivo de iniciar su travesía el 23 de enero de este año.

Tras el accidente, los médicos determinaron que se había fracturado la tibia y el peroné y ordenaron operarlo de inmediato. Para fijar sus huesos tuvieron que insertarle tres platinas y 15 tornillos. Sin embargo, su estado de salud no le impidió seguir concentrado en su sueño.

Mientras permanece en México, aguardando ingresar a Estados Unidos, Rudys dice que llegar allí representa dejar atrás el régimen cubano, del que huyó el 9 de diciembre de 2016, y que todavía describe como una dictadura perseguidora de todo aquel que piense diferente.

Migrante cubano atravesó tapón del Darién

Con tres platinas y 15 tornillos en su pierna derecha, Columbié Ramírez atravesó a pie la frontera entre Colombia y Panamá.

A pesar de las heridas, que le costaron medio mes de hospitalización y largas semanas de fisioterapia, inició su travesía el 27 de marzo, pasándose por alto los tres meses de reposo que el cuerpo médico le aconsejó guardar.

En menos de una semana, luego de atravesar Perú y Ecuador sin problemas, llegó a Necoclí, un municipio ubicado en el golfo de Urabá, una región compleja en materia migratoria. Su ubicación estratégica la convierte en un paso obligado para las migrantes que quieren cruzar de Suramérica a Centroamérica.

Los datos de Migración Colombia arrojaban que para finales del pasado mes de mayo al menos 3.500 migrantes irregulares habían atravesado esta zona en el transcurso de 2019. No obstante, la cifra podría ser mucho mayor, según los cálculos de los habitantes.

Llegamos a ser unos 1.500

“Cuando llegamos éramos como 50 cubanos y unos 70 emigrantes de Haití y África. La situación se fue poniendo difícil debido a que no nos autorizaban salir con las lanchas y los migrantes aumentaban por día. No había baños, ni agua cerca. Había mujeres embarazadas, niños de 2 meses de nacidos y ancianos de hasta 81 años. Llegamos a ser unos 1.500”, recuerda Rudys.

Al llegar al golfo de Urabá los migrantes suelen embarcarse en las rutas que salen de Turbo o Necoclí (Antioquia). De allí, salen a Acandí, en Chocó, donde el camino hacia Panamá solo deja dos opciones: mar o selva.

La primera, más segura, implica el riesgo de tener que devolverse si las autoridades panameñas no autorizan el ingreso al país. La segunda, implica el peligro de perderse para siempre en medio de una maraña de empinadas laderas, ríos crecidos, cocodrilos, serpientes y un laberinto de cientos de miles de árboles del que muchos no salen.

eltiempo