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Los salarios del Clan del Golfo por ejecutar el ‘plan pistola’

Se conoció en exclusiva los pagos que realiza la organización Clan del Golfo para ejecutar su plan contra la fuerza pública.

La banda criminal se camufla en miles de actividades que aparentan legalidad, tienen apoyo de muchos sectores, y una gran capacidad de reclutamiento en zonas muy marginadas del país, donde los jóvenes no tienen oportunidades. Su economía se fundamenta en la coca y la minería.

Actualmente, la organización tiene como máximo comandante a Dairo Antonio Úsuga, alias ‘Otoniel’.

Así están organizados

Así las cosas, en la mayoría de las zonas en las que hace presencia cada uno de sus miembros cuenta con tareas diferenciadas; entre los cargos identificados se encuentran: ‘informantes rurales’, ‘informantes urbanos’, ‘sicarios’, ‘puntos’, ‘jefes militares’, ‘logísticos’ y ‘financieros’.

Las autoridades tienen identificada la cúpula central, en la cual se encuentran los miembros más importantes de la organización, seguidos por cabecillas de tipo político, financiero, militar y logístico.

Con respecto a los cabecillas políticos, estos son los encargados de diseñar políticas de la organización, entre las que se encuentran las normas de comportamiento y de disciplina.

«También coordinan el respaldo a las candidaturas políticas, donar dinero para la celebración de pactos, especialmente para la entrega de recursos y el apoyo logístico para las campañas, entre otras», señaló a Blu Radio una fuente.

Los pagos

Los ‘informantes rurales’ tienen como función principal la de custodiar laboratorios y cultivos de coca, así como el cobro de extorsiones y la prestación de servicios de seguridad a otras estructuras que trabajan de lleno en la producción de estupefacientes. A estas cobran por la cantidad de estupefacientes que son producidos y transportados en la zona. Ellos tienen un sueldo de 1.500.000 pesos.

Un segundo componente corresponde a la ‘red criminal’, en la cual operan informantes urbanos que se encargan del cobro de extorsiones a las grandes empresas, a las transportadoras urbanas, y a los sectores que tienen presencia en puertos como el de Santa Marta, encargados de la entrada y salida de mercancías, entre las que se camuflan estupefacientes. De acuerdo a la información suministrada por el CTI de la Fiscalía, en la zona norte del país los «informantes» reciben pagos de 1.100.000 pesos.

Seguidamente, dentro de la estructura organizacional del clan es posible identificar a los sicarios o ‘urbanos’, quienes por su parte se mueven de forma independiente, mientras los puntos, ‘moscas’ o ‘campaneros’ informan al sicario sobre la posición de sus víctimas.

«Una persona se encarga de entregar el arma para la comisión del crimen, y otra se encarga de ejecutarlo. En su mayoría se trata de jóvenes, quienes por la falta de oportunidades laborales, por la presión de la estructura criminal y su oferta salarial (de aproximadamente de 1.300.000 pesos), se ven constreñidos a vincularse a ella como sicarios», señala el informe conocido por este medio.

En atentados de relevancia, la organización recurre a la experiencia de desmovilizados o excombatientes de las AUC, utilizando armas de largo o corto alcance, dependiendo de las condiciones y selección del sicario.

Así mismo, y de acuerdo a la información recolectada por los investigadores, «el punto» es la persona o informante, responsable de suministrar información de lo que suceda en su entorno como por ejemplo la ubicación de víctimas, fuerza pública y sicarios, entre otros movimientos que se presenten tanto en las zonas rurales como urbanas.

«Resultado de la capacidad de control poblacional con la que cuenta la organización criminal en lugares como por ejemplo el municipio de Dibulla, departamento de La Guajira, y en las zonas aledañas a la Sierra Nevada de Santa Marta y la Troncal del Caribe, tanto moto taxistas como tenderos locales prestan dichos servicios a la organización criminal de forma voluntaria o involuntaria, a los que pagan 200 mil pesos», resalta el informe de inteligencia.

En otros casos ha sido posible identificar la llegada de personas provenientes de Antioquia y de la zona de Urabá, quienes, por ejemplo, han instalado negocios de abarrotes mediante los cuales ejercen labores como informantes asociados a la organización criminal.

De acuerdo a la información suministrada por miembros de la Policía Judicial, estas personas estarían siendo remuneradas con salarios de aproximadamente 600.000 pesos, esto en el departamento de Bolívar y en la zona del Magdalena Medio.

«En departamentos como Córdoba, la organización criminal cuenta con amplia experiencia en la utilización de «puntos» ya que si bien estos no hacen parte de la estructura propiamente dicha, estos suministran información importante, razón por la que su número es considerable frente a otros miembros», dice el informe.

Sobre la tarea que desempeñan los «informantes o puntos», se destaca que informan sobre la llegada de policías, agentes del CTI, por tratarse en muchos casos de habitantes de la zona. Estos solo cuentan con radios de comunicaciones u otros elementos similares, lo que limita su margen de acción. Estos reciben un sueldo de 200.000 pesos.

Los cambios en la organización

Entre 2009 y 2014, el Clan del Golfo inició una etapa de expansión, tanto a nivel territorial como a nivel económico, a través de la incursión en nuevos mercados y la absorción y sometimiento de otras organizaciones ilegales, etapa durante la cual, además de establecer un modelo organizacional adaptado a las regiones en las que hace presencia, logró desarrollar una alta capacidad de reorganización frente a la acción estatal y a las operaciones implementadas por la fuerza pública, contrarrestando así su impacto.

El Clan del Golfo desarrolló la capacidad de implementar rápidos procesos de sucesión, mediante los que luego de una captura o de la baja de alguno de sus comandantes o mandos medios estos son rápidamente reemplazados.

Otro de los cambios identificados en la organización, es la forma en la que se ejerce control desde la cúpula y en la que dicha cúpula disciplina al resto de la organización.

«En comparación con las antiguas estructuras de autodefensa, el Clan del Golfo, al igual que otras estructuras criminales, orientó su accionar y organización hacia la operación en red y en lógica sicarial y mafiosa, dejando de lado el carácter subversivo que caracterizó a sus antecesores», resalta el informe.

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