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Hace cuatro años en el Golfo de Urabá seis personas fueron presuntamente atacados por jaguares

Hace cuatro años, entre el 2012 y el 2014, en el Golfo de Urabá empezaron a suceder una serie de eventos poco comunes. Cerca de la base militar de Matuntugo, seis humanos fueron presuntamente atacados por jaguares. Una cifra inusual que de inmediato despertó la atención de biólogos y científicos, pues a diferencia de otros grandes felinos, de los jaguares no se tienen registros de ataques sistemáticos a humanos. Las pocas veces que lo hacen es en defensa propia. ¿Entonces, qué podría estar pasando en esta zona para despertar este comportamiento inusual?

Para resolver el misterio un grupo de investigadores, entre los que se encontraba el colombiano Esteban Payán, director de la fundación Pathera para el norte de Suramérica, debieron armarse de varias herramientas. Pusieron cámaras trampa, hablaron con las tres personas que habían sobrevivido a los ataques y analizaron los rasguños y heridas que dejaron las autopsias de los otros. Una vez tuvieron todos los datos juntos llegaron a la conclusión que el inusual comportamiento de los jaguares tenía mucho que ver con lo que los humanos estaban haciendo en la zona.

A un declive de presas naturales y pérdida de hábitat de los felinos, que es una constante que se ha extendido por todo el continente, se sumaron otras tensiones que hicieron más probable los escenarios de encuentro entre ambos. La base militar, por ejemplo, tenía un rebaño de cabras que los atraía. En el caso del primer ataque que fue a un soldado, además, se identificó que estaba somnoliento y acurrucado, despertando la curiosidad del jaguar para ir a olfatearlo.

Y es que entender las dinámicas que el desarrollo ha generado entre los grandes felinos y los humanos es algo que apenas empieza a ser estudiado. Por esto, el libro “Conflictos entre felinos y humanos en América Latina”, publicado por el Instituto Humboldt, la Fundación Herencia Ambiental Caribe y la Fundación Panthera podría considerarse uno de los trabajos más grandes en el tema. En este se recoge el esfuerzo de 77 instituciones, 110 autores y estudios de caso en 12 países, desde Arizona, Estados Unidos, hasta Chile, para dar unas primeras pistas de lo que viene sucediendo.

“Es un texto que no sólo hace un diagnóstico, sino que muestra cómo hemos venido manejando este conflicto y da lecciones aprendidas desde la dimensión humana, que es lo más valioso”, comenta el biólogo Carlos A. Lasso. Junto a Carlos Castaño Uribe, el venezolano Rafael Hoogesteijn, Angélica Díaz-Pulido y Esteban Payan, el primero antropólogo, el segundo veterinario y los dos últimos biólogos, fueron los encargados de editar el libro. Un grupo que, según Lasso, permitió entender la problemática más allá del felino, sino desde cómo este interactúa con las fincas y los hatos ganaderos. Pues una de las premisas del texto es precisamente desmitificar que el ganado y los felinos no pueden vivir “bajo el mismo techo”.

Lograrlo, claro, no es tarea fácil. A pesar de que hace unos 20.000 años felinos como el jaguar y el puma eran vistos como iconos de fortaleza y poder, con el tiempo la tensión entre uno y otro empezó a incrementar. El aumento de la población humana, la extensión de la ganadería y la agricultura, y la pérdida del hábitat natural de los grandes felinos hicieron que estos atacaran el ganado, convirtiéndose la solución más fácil salir a cazarlos.

Sin embargo, cuando se tiene a un felino como vecino también hay otras alternativas. “Quisimos exponer el conflicto, pero también la solución. Es decir, las estrategias anti predatorias para que los felinos no enfrenten el ganado”, aclara Lasso. Entre ellas están las cercas eléctricas, los encierros nocturnos, las campanas, las luces led y los pastores humanos. No obstante, una de las más sorprendentes es tener ganado doméstico y resistente entre el cebú para que los proteja.

En Brasil, las Fazendas (fincas) Porto Jofre y Sao Bento, la primera ubicada en el estado de Mato Grosso y la segunda en Mato Grosso do Sul, tienen una alta densidad de jaguares: 8 individuos por km2. Entre los años 2009 y 2013, buscando explorar qué tipo de ganado podía reducir los ataques, se introdujeron dos toros criollos Pantaneros a un hato de vacas lecheras. El comportamiento que los investigadores pudieron observar fue extraordinario.

En presencia del jaguar uno de los toros “arrinconaba el rebaño en una esquina del potrero, plantándose delante del mismo, dándole la frente al jaguar, sin permitir que atacara a ningún integrante del rebaño”, explica el estudio. “Este animal presentó cicatrices de ataques felinos”. Es más, durante los tres años que el Pantanero estuvo dentro del rebaño no se presentó ninguna depredación.

La historia se repite en Colombia. En el municipio Hato Corozal, Casanare, Hoogesteijn y Payan volvieron a conducir un experimento parecido. En 2 hatos de ganadería extensiva cebú introdujeron ganado criollo puro Sanmartinero. En ambos casos, además, se dejaron ciertas hectáreas control donde no había presencia de Sanmartinero. A pesar de que el estudio todavía no ha concluido las cifras que ha arrojado son bastante dicientes: mientras en el primer hato en las áreas de control han ocurrido 9 ataques de jaguar, en el área con Sanmartinero no ha ocurrido ninguno. En el segundo hato las cifras son de 37 vs 1 ataque.

Como lo afirma Lasso, más que un conflicto entre felinos y humanos, es un conflicto de los humanos con los felinos, pues “ellos no tienen un problema con nosotros”. Entender esta sencilla idea podría ayudar a que cada vez que se atrapa la imagen de un jaguar o un puma en una cámara trampa, no sea el miedo el que se despierte, sino la admiración.

Vía Elespectador
http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/como-convivir-con-un-jaguar-articulo-712411

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